Hay palabras que se me atragantan, palabras que son tan incómodas, que me espinan la mano cuando trato de alcanzarlas, cuando trato de, aunque sea, rozarlas.
Son entelequias, son mitos, son travestis verbales, son una cosa, pero parecen otra, las llamamos por un sustantivo, pero son subjetivas, no las entendemos, pero las decimos, las mentamos, las escupimos. No son nuestras, son, citando al personaje central de la película Il Postino, de quien las necesite
Pueblo, soberanía, dignidad, popular, democracia, justicia…
Pero ninguna como patria.
Qué es la patria, mi patria no es la misma de quienes nos gobiernan, como tampoco es la de quienes pretenden sucederlos (de ambos lados hay quienes sueñan con posar sus traseros en las silla presidencial y blandir la banda atravesándoles el pecho). Mi patria tampoco es esa de los hijos de Bolívar o la magnánima que se le abre al mundo, bien en los días de Carlos Andrés Pérez o en estos que hoy nos marca el calendario.
No tengo patria, dejé de tenerla de un plumazo, de una manera abrupta, como dejaron de tenerla los Checos o los Eslovacos, que un día descubrieron que eran checoslovacos, o como todos los países de la Europa invadida por los soviéticos.
Yo nací en Venezuela, República Federal de Venezuela, como rezaba la constitución. No soy bolivariano, no me crié en la República Bolivariana de Venezuela, eso no tiene que ver conmigo, como tampoco tiene que ver esa coletilla socialista que hoy nos imponen.
Menos es mi patria ésta donde asesinan por doquier, donde la anarquía de los colectivos y de los motorizados, sumando al hampa, común u organizada, han hecho de nuestra sociedad un geto encerrado, primero en una triste realidad y luego en sus temores.
Mucho menos quiero una patria con nombre y apellido, Chávez no es mi patria, como no lo es su proyecto, ni el socialismo, mi patria no es una cometa que se mueve al viento de las zafadas ocurrencias de un bellaco, de un bravucón de barrio, marioneta, por peor desgracia, de un fósil que no acaba de morir (tanto en lo político, como en lo ideológico y porque no, en su existencia en sí). No, mi patria tampoco depende de un colectivo enajenado, lleno de odio y de oportunismo.
La patria de la que reniego, está llena de mendigos vestidos de rojo, de asaltantes y saqueadores uniformados de granate, invasores arengados desde el poder central (mi patria tampoco es centralista, de paso).
Mi patria limita con Brasil, Colombia, la Guyana, el Mar Caribe. Mi patria no es enemiga visceral de Estados Unidos o Israel, en mi patria no se da cobijo a los dictadores del mundo, ni se defienden causas asesinas, por solidaridad automática y antiimperialista.
Mi patria es un concepto, algo que dejó de ser, es una patria de justicia legal, social y lógica, de trabajo y esfuerzo. No creo en el socialismo, es algo antinatura, en una manada de leones, solamente el mejor macho y la mejor hembra se procrean. Si el universo fuera socialista, estaríamos rodeados de planetas habitados. Si la vida fuera socialista todos serías del mismo color, contextura y condición.
Llego acá sabiendo que el término apátrida no me ofende, no me discrimina, ni me ridiculiza, tampoco me iguala con aquellos a quienes se les endilga. No. No tengo patria, porque esto no es mi patria.
Soy venezolano, nacido en un país que dejó de ser hace mucho y terminó de perderse hace poco.
lunes, 12 de marzo de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
Pecando de pensamiento
Cerremos los ojos por un momento e imaginemos que estamos parados en cualquier lugar donde nos guste reflexionar y darnos un tiempo para pensar. Estamos ahí, en ese punto de meditación y de pronto, de la nada, se nos presenta Dios con la tabla de los 10 mandamientos para que nos evaluemos, para que veamos qué tan apegados a ellos hemos vivido.
Los mandamientos son estos (no está de más recordarlos):
Amarás a Dios sobre todas las cosas.
No tomarás el nombre de Dios en vano.
Santificarás las fiestas.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
No matarás.
No cometeras actos impuros.
No robarás.
No dirás falsos testimonios ni mentirás.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
No codiciarás los bienes ajenos.
Dios, lápiz en mano, se prepara para los checkmarks. No sé ustedes, pero yo argumentaría primero que muchos de esos mandamientos deben ser revisados y luego dejo que me evalúen.
Amar a Dios sobre todas las cosas:
bien, no tengo objeción alguna. Tal vez no sea el más amador de Dios en la tierra, pero Él sabe que tengo mi forma de quererlo.
No tomarás el nombre de Dios en vano:
para qué hacerlo yo, si ya hay suficientes locos que se creen Dios, la voz de Dios (que es la voz del pueblo). Abundan los orates y fanfarrones que se creen la reencarnación de Dios en la Tierra. La Santísima Trinidad debe reacomodarse a Santísima Cuarteta por ellos.
Santificarás las fiestas:
Guardar el domingo para ir a misa o rezar. No nos engañemos, hablamos con Dios y sobre Dios, Él sabe que la mayoría de los domingos se nos van de un supermercado a otro tratando de armar ese rompecabezas que se llama hacer mercado. También podemos usar el domingo para cocinar los almuerzos de la semana, lavar ropa (si hay agua o luz) y en muchos casos, parir la tarea que algún hijo ovidó hacer y que es para el lunes.
Honrarás a padre y madre: check
No matarás: check (aunque a veces provoca).
No cometerás actos impuros:
Otro mandamiento que hay que revisar de cerca. Creo que estamos de acuerdo en que, de todos los mandamientos, éste es el campeón de los sin sentido. No cometerás actos impuros... Con lo cara que está la vida, con la inseguridad desatada, con las colas interminables en las grandes ciudades, con las pocas opciones de distracción que hay, con todo eso y más, van a venir a quitarnos algo que es barato (generalmente gratis), divertidísimo, relajante y en especial HUMANO.
No robarás: que lance la primera piedra quien esté libre de pecados.
No dirás falsos testimonios ni mentiras:
En un país donde el "paro" y las "mentiras blancas (o verdes o más recientemente rojas) son parte del ADN nacional, donde las excusas abundan, un país que jacta de la viveza criolla, en ese país, mi país, tu país, éste es un mandamiento imposible de cumplir.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros:
El segundo mandamiento sin sentido. No hay mejor sexo que aquel que ocurre primero en nuestras mentes y luego en la cama. Los ojos se hicieron para ver como la mente para fantasear. Además, los feos, tímidos, inseguros o enclosetados (todos aplican para ambos sexos) de alguna manera deben manifestarse y darse su gustito.
No codiciaras los bienes ajenos: pecado terrible que se resume en una palabra EXPROPIESE.
Si leyeron hasta este punto deben considerarme un hereje, un enviado de Satán o algo parecido. No los culpo, los entiendo y como buen hombre temeroso de Dios me disculpo, pero al menos, muy al menos, en este ecrito cumplo con aquello de no mentir ni dar falsos testimonios.
Dios los bendiga.
Los mandamientos son estos (no está de más recordarlos):
Amarás a Dios sobre todas las cosas.
No tomarás el nombre de Dios en vano.
Santificarás las fiestas.
Honrarás a tu padre y a tu madre.
No matarás.
No cometeras actos impuros.
No robarás.
No dirás falsos testimonios ni mentirás.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
No codiciarás los bienes ajenos.
Dios, lápiz en mano, se prepara para los checkmarks. No sé ustedes, pero yo argumentaría primero que muchos de esos mandamientos deben ser revisados y luego dejo que me evalúen.
Amar a Dios sobre todas las cosas:
bien, no tengo objeción alguna. Tal vez no sea el más amador de Dios en la tierra, pero Él sabe que tengo mi forma de quererlo.
No tomarás el nombre de Dios en vano:
para qué hacerlo yo, si ya hay suficientes locos que se creen Dios, la voz de Dios (que es la voz del pueblo). Abundan los orates y fanfarrones que se creen la reencarnación de Dios en la Tierra. La Santísima Trinidad debe reacomodarse a Santísima Cuarteta por ellos.
Santificarás las fiestas:
Guardar el domingo para ir a misa o rezar. No nos engañemos, hablamos con Dios y sobre Dios, Él sabe que la mayoría de los domingos se nos van de un supermercado a otro tratando de armar ese rompecabezas que se llama hacer mercado. También podemos usar el domingo para cocinar los almuerzos de la semana, lavar ropa (si hay agua o luz) y en muchos casos, parir la tarea que algún hijo ovidó hacer y que es para el lunes.
Honrarás a padre y madre: check
No matarás: check (aunque a veces provoca).
No cometerás actos impuros:
Otro mandamiento que hay que revisar de cerca. Creo que estamos de acuerdo en que, de todos los mandamientos, éste es el campeón de los sin sentido. No cometerás actos impuros... Con lo cara que está la vida, con la inseguridad desatada, con las colas interminables en las grandes ciudades, con las pocas opciones de distracción que hay, con todo eso y más, van a venir a quitarnos algo que es barato (generalmente gratis), divertidísimo, relajante y en especial HUMANO.
No robarás: que lance la primera piedra quien esté libre de pecados.
No dirás falsos testimonios ni mentiras:
En un país donde el "paro" y las "mentiras blancas (o verdes o más recientemente rojas) son parte del ADN nacional, donde las excusas abundan, un país que jacta de la viveza criolla, en ese país, mi país, tu país, éste es un mandamiento imposible de cumplir.
No consentirás pensamientos ni deseos impuros:
El segundo mandamiento sin sentido. No hay mejor sexo que aquel que ocurre primero en nuestras mentes y luego en la cama. Los ojos se hicieron para ver como la mente para fantasear. Además, los feos, tímidos, inseguros o enclosetados (todos aplican para ambos sexos) de alguna manera deben manifestarse y darse su gustito.
No codiciaras los bienes ajenos: pecado terrible que se resume en una palabra EXPROPIESE.
Si leyeron hasta este punto deben considerarme un hereje, un enviado de Satán o algo parecido. No los culpo, los entiendo y como buen hombre temeroso de Dios me disculpo, pero al menos, muy al menos, en este ecrito cumplo con aquello de no mentir ni dar falsos testimonios.
Dios los bendiga.
jueves, 16 de febrero de 2012
El tema libre que se repite y repite
No sé si les pasó a ustedes, no sé si fue un fenómeno aislado que nos tocó vivir a quienes por muchos años compartimos el salón de clases en la Unidad Educativa Colegio del Ave María.
La cuestión es ésta: la profesora, de la materia que sea, probablemente por más flojera que por inclinación a una mejor enseñanza, nos decía que iban a darse exposiciones libres. A simple vista las exposiciones de temas libres eran una gran oportunidad para nosotros como estudiantes, un chance único para investigar un tema que nos pareciera asombroso, un tema que nos apasionara, que nos diferenciara. Al menos eso pensaba.
Mis compañeros de clases y en especial los de equipo de expisición pensaban de otra manera. Los temas libres eran temas recurrentes: las drogas, el SIDA, los métodos anticonceptivos (que curiosamente siempre terminaban recomendando que abstenerse era el método más seguro), el petroleo y la naciente Unión Europea.
Tres cadenas en dos días, diciendo lo mismo, repitiendo las mismas muletillas, las mismas amenazas y los mismos malos chistes me recuerdan a una de mis compañeras hablando del condón como método anticonceptivo o tal vez como método de barrera para evitar el contagio del SIDA.
Ambas exposiciones podían sonar igual, ser lo mismo.
La memoria de mis compañeros leyendo las láminas que año tras año fallaban en aprenderse o parados de frente al salón, apuntador de antena en mano, arrancando su participación diciendo: "como mi compañero quería decir" o inventando descaradamente a ver si, como pasaba, se salvaban gracias a la bondad de las profesoras, se me confunde con las imágenes de hoy, de esas cadenas de repeticiones, donde unos infelices son expuestos a hablar de manera "espontánea" al comandante/presidente/profesor/encuestador/pelotero/dramaturgo/omnipresente.
Lo que más me divierte, entonces y ahora, es cuando las profesoras (o el hablador) regañan a los expositores frente a toda la audiencia, por mediocres. Es chistoso, pero es como ver en vivo a un cachicamo decirle a un morrocoy que es un conchuo.
Esas distantes exposiciones de temas libres eran una improvisación, un chiste, eran algo que se hacía para malprender unos puntitos extra para el 70% y para los profesores era el chance de no hacer mucho y cobrar en proporción.
Con esas exposiciones se pasaba, cuando se merecía haber raspado.
La historia, como las notas de las exposiciones libres parece repetirse, quienes merecen estar raspados han pasado.
La cuestión es ésta: la profesora, de la materia que sea, probablemente por más flojera que por inclinación a una mejor enseñanza, nos decía que iban a darse exposiciones libres. A simple vista las exposiciones de temas libres eran una gran oportunidad para nosotros como estudiantes, un chance único para investigar un tema que nos pareciera asombroso, un tema que nos apasionara, que nos diferenciara. Al menos eso pensaba.
Mis compañeros de clases y en especial los de equipo de expisición pensaban de otra manera. Los temas libres eran temas recurrentes: las drogas, el SIDA, los métodos anticonceptivos (que curiosamente siempre terminaban recomendando que abstenerse era el método más seguro), el petroleo y la naciente Unión Europea.
Tres cadenas en dos días, diciendo lo mismo, repitiendo las mismas muletillas, las mismas amenazas y los mismos malos chistes me recuerdan a una de mis compañeras hablando del condón como método anticonceptivo o tal vez como método de barrera para evitar el contagio del SIDA.
Ambas exposiciones podían sonar igual, ser lo mismo.
La memoria de mis compañeros leyendo las láminas que año tras año fallaban en aprenderse o parados de frente al salón, apuntador de antena en mano, arrancando su participación diciendo: "como mi compañero quería decir" o inventando descaradamente a ver si, como pasaba, se salvaban gracias a la bondad de las profesoras, se me confunde con las imágenes de hoy, de esas cadenas de repeticiones, donde unos infelices son expuestos a hablar de manera "espontánea" al comandante/presidente/profesor/encuestador/pelotero/dramaturgo/omnipresente.
Lo que más me divierte, entonces y ahora, es cuando las profesoras (o el hablador) regañan a los expositores frente a toda la audiencia, por mediocres. Es chistoso, pero es como ver en vivo a un cachicamo decirle a un morrocoy que es un conchuo.
Esas distantes exposiciones de temas libres eran una improvisación, un chiste, eran algo que se hacía para malprender unos puntitos extra para el 70% y para los profesores era el chance de no hacer mucho y cobrar en proporción.
Con esas exposiciones se pasaba, cuando se merecía haber raspado.
La historia, como las notas de las exposiciones libres parece repetirse, quienes merecen estar raspados han pasado.
lunes, 28 de noviembre de 2011
Sábado Sensacional como ideología
Bolivariana, robinsoniana, zamorana y bendayanana.
Esta revolución tiene más de Sábado Sensacional que de socialista, más de Amador que de Bolívar, el show es su signo, la comparsa y las consignas son su forma. El presidente anima, canta, cuenta, hace pases en vivo y hasta tiene invitados nacionales e internacionales.
El formato da para todo, risas, lágrimas, regaños, sorpresas. El público asistente canta, baila, confecciona pancartas, maquilla viejas, presenta emociones y de ser necesario, responde a un cartel en el cual se lee "aplausos".
La magia de Sábado Sensacional radica en la "capacidad" para sorprender, algo que debe copiar el régimen, las cadenas tienen show, son mega producciones, pero les falta sorpresa, no sería más divertida una adjudicación de casas al estilo Megamatch Sensacional, imaginen a una humilde mujer, vestida de rojo, con un manojo de llaves y pocos segundos para ir abriendo puertas y ganando lo que hay dentro de la casa. Abrió la puerta de entrada, la casa es suya, entró a la cocina, suya, la sala y el comedor, se los queda. Se acaba el tiempo, aún falta el área de lavado y le sobran llaves. Chávez la anima, el público aplaude, las pancartas del Consejo Comunal se elevan por ella. Gane o pierda es lo de menos, el show es bueno, es suficiente y en especial, debe continuar.
Por qué el gobierno no ha creado la Misión mi Boda Socialista. Bodas comunales por TV, antecedidas por cápsulas que nos muestran los sufrimientos previos de las novias, el estrés de las empresas de producción social y cooperativas encargadas de los vestidos, los pasapalos y cotillones revolucionarios. Obviamente, al blanco de los vestidos se le impondría el rojo del decorado y de las flores. Seguro que Alí Primera tiene algo para bailar como vals.
Amador trajo a Tatoo, el enano de La Isla de la Fantasía y lo afeitó. Trajo al Camionero BJ y su mono. El comandante presidente trae a Evo y juntos mascan hojas de Coca. Trae al finado Gadaffi y su famosa carpa. Montó un club con los dictadores más famosos del Mundo.
Ánimo Venezuela, ánimo.
Esta revolución tiene más de Sábado Sensacional que de socialista, más de Amador que de Bolívar, el show es su signo, la comparsa y las consignas son su forma. El presidente anima, canta, cuenta, hace pases en vivo y hasta tiene invitados nacionales e internacionales.
El formato da para todo, risas, lágrimas, regaños, sorpresas. El público asistente canta, baila, confecciona pancartas, maquilla viejas, presenta emociones y de ser necesario, responde a un cartel en el cual se lee "aplausos".
La magia de Sábado Sensacional radica en la "capacidad" para sorprender, algo que debe copiar el régimen, las cadenas tienen show, son mega producciones, pero les falta sorpresa, no sería más divertida una adjudicación de casas al estilo Megamatch Sensacional, imaginen a una humilde mujer, vestida de rojo, con un manojo de llaves y pocos segundos para ir abriendo puertas y ganando lo que hay dentro de la casa. Abrió la puerta de entrada, la casa es suya, entró a la cocina, suya, la sala y el comedor, se los queda. Se acaba el tiempo, aún falta el área de lavado y le sobran llaves. Chávez la anima, el público aplaude, las pancartas del Consejo Comunal se elevan por ella. Gane o pierda es lo de menos, el show es bueno, es suficiente y en especial, debe continuar.
Por qué el gobierno no ha creado la Misión mi Boda Socialista. Bodas comunales por TV, antecedidas por cápsulas que nos muestran los sufrimientos previos de las novias, el estrés de las empresas de producción social y cooperativas encargadas de los vestidos, los pasapalos y cotillones revolucionarios. Obviamente, al blanco de los vestidos se le impondría el rojo del decorado y de las flores. Seguro que Alí Primera tiene algo para bailar como vals.
Amador trajo a Tatoo, el enano de La Isla de la Fantasía y lo afeitó. Trajo al Camionero BJ y su mono. El comandante presidente trae a Evo y juntos mascan hojas de Coca. Trae al finado Gadaffi y su famosa carpa. Montó un club con los dictadores más famosos del Mundo.
Ánimo Venezuela, ánimo.
viernes, 14 de octubre de 2011
Precandidato somos todos
Precandidatos somos todos
No deja de sorprender, porque capacidad para la sorpresa nos sobra, el festival de personalidades que a diario engrosan la lista de precandidatos que se inscriben para las elecciones primarias de la opisición.
Los nombres son variados, desde aquellos con aspiraciones legítimas y chances serios como, Capriles Radomsky, Pablo Pérez, Antonio Ledezma, Leopoldo López (que en realidad es precandidato a ser precandidato, por la inhabilitación) o aquellos con menos chance como Eduardo Fernández (el eterno precadidato), María Corina Machado (desde ya, precandidata al premio Nóbel de Economía con su Capitalisno Popular). Por su puesto, tambien están esos que se lanzan no sabemos a qué, como Diego Arrias o Cecilia Sosa.
En este punto me viene una idea a la cabeza , casi un epifanía, una despertar a una realidad que no habíamos visto, hasta esta hemorragia de precandidaturitis: todos somos precandidatos a algo.
La muchacha que camina delante de usted, con un escote que llega al ombligo es precandidata a un piropo subido de tono. El motorizado que maneja sin cuidado en la autopista es precandidato a darse un tortazo que lo deje desparramado en el asfalto. La señora que va al supermercado es precandidata para regresar a su casa sin algo de su lista original. Usted y yo somos precandidatos a ser víctimas del hampa.
Todos somos precandidatos y hay quienes quieren ser nuestros precandidatos.
Los expertos aseguran que para eso son la primarias, para que participe quien quiera y salga un ganador de ellas, pero acaso no es obvio que con esta parranda de precandidatos, el ganador obtendrá un porcentaje de votos alarmantemente bajo como para ser considerado una fuerza real, no es lo mismo ganar con 45% de los votos que hacerlo con el 18%.
18% no es muestra de unidad.
Eduardo Fernández? En serio? Cecilia Sosa? Por favor.
Pérez Vivas, al retirarse demostró una muy poco vista calidad política y desapego a las aspiraciones personales o tal vez lo hizo a sabiendas de sus pocas probabilidades, como sea, insistir en ir a las primarias es demostrar que se está de espaldas al país, hacerse a un lado es dejar claro que, tal vez, el frente de batalla es otro.
Pero lamentablemente, hasta ahora tenemos una competencias de pre(s): PREdadores, PREpotentes y PREtenciosos precandidatos.
No deja de sorprender, porque capacidad para la sorpresa nos sobra, el festival de personalidades que a diario engrosan la lista de precandidatos que se inscriben para las elecciones primarias de la opisición.
Los nombres son variados, desde aquellos con aspiraciones legítimas y chances serios como, Capriles Radomsky, Pablo Pérez, Antonio Ledezma, Leopoldo López (que en realidad es precandidato a ser precandidato, por la inhabilitación) o aquellos con menos chance como Eduardo Fernández (el eterno precadidato), María Corina Machado (desde ya, precandidata al premio Nóbel de Economía con su Capitalisno Popular). Por su puesto, tambien están esos que se lanzan no sabemos a qué, como Diego Arrias o Cecilia Sosa.
En este punto me viene una idea a la cabeza , casi un epifanía, una despertar a una realidad que no habíamos visto, hasta esta hemorragia de precandidaturitis: todos somos precandidatos a algo.
La muchacha que camina delante de usted, con un escote que llega al ombligo es precandidata a un piropo subido de tono. El motorizado que maneja sin cuidado en la autopista es precandidato a darse un tortazo que lo deje desparramado en el asfalto. La señora que va al supermercado es precandidata para regresar a su casa sin algo de su lista original. Usted y yo somos precandidatos a ser víctimas del hampa.
Todos somos precandidatos y hay quienes quieren ser nuestros precandidatos.
Los expertos aseguran que para eso son la primarias, para que participe quien quiera y salga un ganador de ellas, pero acaso no es obvio que con esta parranda de precandidatos, el ganador obtendrá un porcentaje de votos alarmantemente bajo como para ser considerado una fuerza real, no es lo mismo ganar con 45% de los votos que hacerlo con el 18%.
18% no es muestra de unidad.
Eduardo Fernández? En serio? Cecilia Sosa? Por favor.
Pérez Vivas, al retirarse demostró una muy poco vista calidad política y desapego a las aspiraciones personales o tal vez lo hizo a sabiendas de sus pocas probabilidades, como sea, insistir en ir a las primarias es demostrar que se está de espaldas al país, hacerse a un lado es dejar claro que, tal vez, el frente de batalla es otro.
Pero lamentablemente, hasta ahora tenemos una competencias de pre(s): PREdadores, PREpotentes y PREtenciosos precandidatos.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Los semáforos inteligentes
Ahí están, cada vez más presentes en nuestras cuidades, cada vez más, restregándonos su inteligencia en la cara, su infalibilidad, su odiosa puntualidad, aspectos que nos recuerdan que somos todo lo contrario. Su "iluminación" nos reduce a lo que somos, unos salavajes en 4 ruedas.
Es que ahí están, inteligentazos, no importa si uno es n PHd o un tecnócrata del IESA, los inteligentes son ellos, son ellos quienes marcan la pauta, quienes dirigen nuestra movilidad.
Diablos, cómo fastidian mi estadía en las esquinas. Cómo arruinan ese momento que espero tanto, en vez de ver si el malabarista con cuchillos se pela y se clava uno en el pie o en vez de estar pendiente de ver si aquel que trabaja con fuego se prende en candela y se quema, no, mi atención se centra en contar, como hipnotizado, los segundos que faltan para que me toque la luz verde de nuevo.
Estúpidos semáforos inteligentes.
Realmente eso de contar los segundos me enloquece, si estoy de primero siento una presión que no necesito, 3, 2, 1, arranca flaco. Si no arranco, pues el mismo semaforito mide el tiempo actual del cornetazo de quien está atrás. Ese conductor que debe pensar "infeliz, si la cuenta está en regresivo, por qué no estás pilas y pones primera o drive cuando falten 3 segundos, en vez de esperar la luz verde" y tiene razón, toda la razón, pero las esquinas y los semáforos, los viejos, los brutos, estaban para darnos un respiro y una oportunidad para el despiste. Pero no, estos maestros de tres luces vienen a enseñarnos a estar pilas en las esquinas.
Dígame si en vez de estar de primero, estoy de segundo o tercero, ahí sí, cuando faltan tres segundos ya tengo la primera puesta, la mano en la corneta y los labios prestos para exclamar "infeliz, si la cuenta está en regresivo, por qué no estás pilas y pones primera o drive cuando falten 3 segundos, en vez de esperar la luz verde".
Es en este momento cuando reflexiono y me doy cuenta del aprendizaje real que estos semáforos vienen a darnos. Como sociedad nos hemos acostumbrado a atacar con los mismos argumentos que odiamos esgriman en nuestra contra. Por un lado ataco al presidente porque quiere quedarse en el coroto, pero por el otro soy el eterno candidato a todo. Por un lado critíco que una potencia pretenda la unipolaridad, pero por el otro quiero ser ejemónico. Critico que no estés pila en un semáforo, cuando pretendo que entiendas que quiero ver si el malabarista sale herido de alguna manera.
Diablos, nunca pensé que un semáforo pudiera ser tan brillante y darnos lecciones tan sencillas.
Es que ahí están, inteligentazos, no importa si uno es n PHd o un tecnócrata del IESA, los inteligentes son ellos, son ellos quienes marcan la pauta, quienes dirigen nuestra movilidad.
Diablos, cómo fastidian mi estadía en las esquinas. Cómo arruinan ese momento que espero tanto, en vez de ver si el malabarista con cuchillos se pela y se clava uno en el pie o en vez de estar pendiente de ver si aquel que trabaja con fuego se prende en candela y se quema, no, mi atención se centra en contar, como hipnotizado, los segundos que faltan para que me toque la luz verde de nuevo.
Estúpidos semáforos inteligentes.
Realmente eso de contar los segundos me enloquece, si estoy de primero siento una presión que no necesito, 3, 2, 1, arranca flaco. Si no arranco, pues el mismo semaforito mide el tiempo actual del cornetazo de quien está atrás. Ese conductor que debe pensar "infeliz, si la cuenta está en regresivo, por qué no estás pilas y pones primera o drive cuando falten 3 segundos, en vez de esperar la luz verde" y tiene razón, toda la razón, pero las esquinas y los semáforos, los viejos, los brutos, estaban para darnos un respiro y una oportunidad para el despiste. Pero no, estos maestros de tres luces vienen a enseñarnos a estar pilas en las esquinas.
Dígame si en vez de estar de primero, estoy de segundo o tercero, ahí sí, cuando faltan tres segundos ya tengo la primera puesta, la mano en la corneta y los labios prestos para exclamar "infeliz, si la cuenta está en regresivo, por qué no estás pilas y pones primera o drive cuando falten 3 segundos, en vez de esperar la luz verde".
Es en este momento cuando reflexiono y me doy cuenta del aprendizaje real que estos semáforos vienen a darnos. Como sociedad nos hemos acostumbrado a atacar con los mismos argumentos que odiamos esgriman en nuestra contra. Por un lado ataco al presidente porque quiere quedarse en el coroto, pero por el otro soy el eterno candidato a todo. Por un lado critíco que una potencia pretenda la unipolaridad, pero por el otro quiero ser ejemónico. Critico que no estés pila en un semáforo, cuando pretendo que entiendas que quiero ver si el malabarista sale herido de alguna manera.
Diablos, nunca pensé que un semáforo pudiera ser tan brillante y darnos lecciones tan sencillas.
viernes, 8 de julio de 2011
La lectura
Se abrió ante mí un nuevo libro,
de hojas canelas y suave cubierta
con finos adornos recubierta
y con márgenes en los que escribo.
Es una lectura sencilla, placentera
un libro que no provoca soltar,
y en sus bellas páginas volcar
la pasión que su letra me genera
Es un libro para amar, que se deja amar
un libro para aprender hasta lo que se sabe,
con un contenido (y qué duda cabe)
que mientras más lo lees, más me va a enamorar.
En sus páginas encuentro, bondad y poesía.
sensualidad reprimida y deseo desenfrenados
reflexiones y pensamientos encontrados,
también leo lo que fue y lo que sería.
El libro lleva tu nombre, nombre de bella mujer,
escrito con suspiros en lo suave de tu piel,
con sabor a miel dulce y pura, sin rastros de hiel,
para saborearlo todo, porque deleitarse es menester.
El prólogo es sobre amor, sobre amarte, en realidad
y describe con simpleza lo que te hace tan bella,
tema que queda muy claro, como la luna y la estrella,
es una invitación para leer en noches de claridad.
Es tu cuerpo ese libro, cuerpo de apredizaje,
que quiero leer, sin faltas, cada noche,
sin pausas, sin parar y sin reproche
y se he de viajar, llavarlo hecho amor en mi equipaje
de hojas canelas y suave cubierta
con finos adornos recubierta
y con márgenes en los que escribo.
Es una lectura sencilla, placentera
un libro que no provoca soltar,
y en sus bellas páginas volcar
la pasión que su letra me genera
Es un libro para amar, que se deja amar
un libro para aprender hasta lo que se sabe,
con un contenido (y qué duda cabe)
que mientras más lo lees, más me va a enamorar.
En sus páginas encuentro, bondad y poesía.
sensualidad reprimida y deseo desenfrenados
reflexiones y pensamientos encontrados,
también leo lo que fue y lo que sería.
El libro lleva tu nombre, nombre de bella mujer,
escrito con suspiros en lo suave de tu piel,
con sabor a miel dulce y pura, sin rastros de hiel,
para saborearlo todo, porque deleitarse es menester.
El prólogo es sobre amor, sobre amarte, en realidad
y describe con simpleza lo que te hace tan bella,
tema que queda muy claro, como la luna y la estrella,
es una invitación para leer en noches de claridad.
Es tu cuerpo ese libro, cuerpo de apredizaje,
que quiero leer, sin faltas, cada noche,
sin pausas, sin parar y sin reproche
y se he de viajar, llavarlo hecho amor en mi equipaje
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
